martes, 8 de noviembre de 2011

¡¡Menos mal que adelgacé en verano!!



Cada vez veo más clara mi teoría de que para adelgazar hay que buscar su momento. Cada persona es un mundo, obviamente, pero creo que muchos de los que tenemos sobrepeso lo tenemos por ansiedad, por lo que para adelgazar es imprescindible, por una parte no tener factores estresantes, trabajo, estudios, problemas, etc, y por otro hay que desviar esa ansiedad en otra actividad (la única que se me ocurre es el deporte, bueno, se me ocurre otra, pero a mi me da más hambre).
Esta afirmación la hago porque los últimos diez días han sido muy estresantes para mí, y he pasado de ser todo un "superman" a lo que a la dieta se refiere, a ser un títere a merced de dulces, pizzas y demás porquerías que prefiero omitir. Y es que las mudanzas son lo peor, pasas de tener un pisito, todo ordenado (más o menos) a tener un caos, de no saber donde está nada, y además cansado y malhumorado, por eso mismo, porque ves que te estás pasando con la comida, que deberías al menos hacer deporte, pero no sabes ni siquiera donde está la ropa deportiva, y peor aún, tienes un dolor de "lomo" por la estantería que has montado esa mañana que cualquiera se poner a correr, y sin contar que lo que deberías estar haciendo es estudiar, porque la "sombra de los exámenes" se va acercando poco a poco. Toda esa amalgama de situaciones te hace tener más ansiedad por lo que dices "¡a la mierda!" y te ves llamando al Pizza Bum de turno pidiendo una familiar la mitad de salmón y la otra de bacon con cebolla (esto es totalmente verídico), pero luego es peor, a esa ansiedad que parece que has calmado, se suma luego una sensación de culpabilidad, que tu estómago lleno te recuerda a cada instante. Pero en mi caso no termina todo ahí, sino que rememoré (que parecía que se me había olvidado) que las comidas copiosas, además de engordar te aletarga, te suman en la inactividad; por lo que después de tener el estómago lleno de pizza a las 11 de la noche, te convierte en un ser inútil cuyo único destino válido es la cama, ya olvídate de estudiar o de ver la tele, nada de eso, sino que vas derecho a la cama (no sin tropezarte con alguna de las cajas que todavía se amontonan en el pasillo y que te dan ganas de patear) como un cerdo se dirige al matadero, siendo tu único pensamiento "mañana será otro día".
Así se resumen mis últimos diez días. Pero menos mal que ayer (después de un fin de semana fecundo a lo que al orden de la casa se refiere) me levanté con ánimos renovados y pensé "esto hay que pararlo", "estoy a tiempo"... y así fue, me subí a la báscula, la miré fijamente a los ojos (bueno, al marcador digital que pone 0.0) y di el paso...: 91.5 Kg. Ufff! Respiré no era para tanto, esto tiene fácil solución por lo que esto me animo a empezar con mi desayuno habitual de dieta, luego mi almuerzo, comida, etc. Primer día hecho, que no es poco, y hoy por la mañana, medio kilo menos, 91 kilos que animan a seguir y a ver que no hay que bajar la guardia nunca. Que gracias a Dios, este verano ha sido muy fructífero, pero si esto me hubiera pasado después de perder 6 kilos, hubiera mandado al traste la dieta entera.
Vuelvo a agradeceros el seguir ahí y escuchar mis lamentos. Necesitaba escribir ya que, como sabéis, para mi este blog es una terapia estupenda, y como sabéis le tenía (os tenía) un poco abandonados. Intentaré que no pase tanto tiempo en actualizar el blog.